AGUAS DEL RIO.


      Vivir en los corazones que dejamos tras nosotros, eso no es morir.

Thomas Campbell.

Agustina se despertó sobresaltada, otra vez transitaba la misma pesadilla. Se levantó de la cama y se dirigió a la ventana, prendió un eterno cigarrillo y miró el tranquilo río que corría adelante del muelle de maderas humedas. Ese río, donde muchos desechaban basura, otros flores, y los niños piedras, barquitos de papel y ramas. Ese rio que era siempre el mismo y siempre distinto, como los tiempos y los cambios de la vida.

Recordó ese fatídico día en que su amor y ella caminaron lentamente hasta ese muelle, con el sol en la espalda y el agua tan transparente, hasta entonces, a través del tiempo  habían recorrido un camino  variable que exploraron por largos años juntos y felices.

En un recodo del muelle vieron un barco con un cartel de prohibido pasar, como esos de prohibido fumar, de esos que invitan a romper reglas. El quiso entrar y Agustina lo siguió. El barco estaba sucio, lleno de basura esparcida por todo el suelo. Había latas oxidadas, botellas rotas, colchones tirados, muchos papeles amarillos, húmedos, ropa vieja y artículos en desuso.

Vamonos dijo ella, pero el quiso seguir explorandolo y ella lo siguió. Llegaron a un cuarto con una escalera que bajaba a una bodega oscura con agua en las paredes, llena de tuberías y máquinas que goteaban y cables que chispeaban, había un olor a humo y gas. Esto es ya muy peligroso, salgamos de una vez dijo ella. Espera, quiero ver que hay al final del pasillo...Así llegaron a una puerta cerrada que él intento abrir con una palanca recogida del suelo. Finalmente hizo palanca con fuerza y la puerta cedió de golpe. Ahí había una llama de fuego que salió disparada hacia ellos. Ella se tiró al suelo y se cubrió el rostro con las manos, el no tuvo el tiempo para poder reaccionar. La llama lo alcanzó y envolvió en fuego. Luego vino el ruido horroroso de la explosión, el barco tembló y se partió en dos. El agua arrastró todo al curso del río. Ella intentó nadar pero por momentos se desvanecía y no sabía si tenía ganas de seguir, y si podría hacerlo. Sin embargo el río fue bondadoso con ella arrastrándola a la orilla, donde otras personas la auxiliaron y llevaron al hospital. Su amor de toda la vida no apareció nunca. El río se lo había llevado para siempre.

Desde entonces Agustina vivía atormentada, culpandose por no impedirle subir al barco, por no poder salvarlo de las llamas y por  la tremenda soledad de la perdida de su amante y alma gemela de toda la vida.

Decidió irse a la ciudad, muy lejos del río y del muelle, intentando rehacer aunque fuera en un mínimo su vida, pero le era imposible olvidarlo y olvidar lo ocurrido. Cada noche repetía la misma pesadilla, ese sonido horrible, pensando  ¿qué sentido tenía vivir así, si ella no podía cambiar ese pasado, donde el dolor y la culpa ennegrecia cualquier intento de superación. ¿Qué sentido tenía vivir solo para sufrir?

Un día decidió volver a ese río para enfrentarse con lo sucedido, los hechos fatídicos y sus fantasmas. El río seguía corriendo tranquilo, siendo el mismo y tan distinto. Se arrodilló frente a él y comenzó a gritar y llorar, desconsoladamente, vaciando su alma y su ser de todo contenido....

De pronto escuchó una voz a su costado que le decía: hola Agustina. Ella lo vió y comenzó a preguntar cómo es posible? Estoy alucinando y corrió a sus brazos, estrechandose los dos en un abrazo profundo. ¿Pero eres un fantasma, que está pasando? le preguntó ella. No soy un fantasma, ni una alucinación, sólo soy lo que sientes y piensas y quiero que seas feliz le dijo. Perdóname por haberme hido sin despedirme, pero nunca te deje sola, mi amor siempre estará con vos y no tienes que sentir culpa, lo que sucedió tenía que pasar. Te amaré siempre, agregó.  Luego la abrazo y de pronto se desvaneció  en el aire, el mismo aire que Agustina respiraba.

A sus pies el río seguía tranquilo, aceptando el pasado sin culpas, disfrutando el presente sin miedos a sequías y tormentas, esperando el futuro sin ansiedad entre sus aguas, corriendo feliz sin condiciones entre murmullos de pajaros, voces humanas y de la forma más sencilla a través del tiempo y del espacio, libre, como tenía que ser.

SIlvia Vazquez.
13 de mayo 2023

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