EL PELOTAZO.
LA PELOTA DETERMINANTE
No puedo hablar de política, no puedo hablar de religión, pero puedo usar yerba mate Unión, dice la publicidad que usan hoy. Así comenzó la charla, mientras miré de soslayo la TV.
Como siempre las sobremesas eran la ocasión de volcar los sucesos de la semana y hasta reírnos entre bromas, cotidianas. Pero enganchada con lo de la tele me preguntaba: ¿Cuáles serían los guarismos a cobrar en propaganda de servicios? ¿Y cuánto en campañas partidarias? Pero sabía que el cobro más importante estaba en el diseño de como ganar o al menos de no perder tanto, por los actores políticos de cualquier bando.
Y ahí jugaban el partido los piratas de las verdades tan engañosas, que sirven para confundir aún más. Todo puede ser en estas circunstancias locas, con las canchas cruzadas, las camisetas deslucidas y tristemente engañosas.
Ya para qué vamos hablar de ideologías? A donde se fueron? Y el menor sentido común? . Se esfumaron a otra dimensión, o quedaron enterrados entre tanto pretérito imperfecto, con toda seguridad. Solo queda el cansancio de escuchar todo repetido, una y otra vez. En el medio habrá operaciones, carpetazos y las extravagancias más insólitas e inesperadas. Gritos e insultos, ellos tiran penales con los mismos arqueros rodando por el piso del propio arco. Pero de lo que nadie habla es del pasto de la cancha, gastado y seco, desaparecido en muchas partes, en otras verde de una ilusión vetusta y lejana a la que queremos agarrarnos. Porque en definitiva el pasto somos nosotros, no un meteorito que viaja atravesando el espacio, esa alfombra verde son nuestras espaldas, que sostienen con dolor y lágrimas, lo burlesco de todas las situaciones.
En un futuro cercano una lapicera nueva firmará nuestros destinos, pero nosotros seguiremos siendo el mismo pasto, ese tapete por donde los poderosos caminan, saltan, corren y hasta hacen todas sus desmedidas necesidades.
Nuestro país no es un partido de fútbol, en una cancha determinada, pero a menudo lo parece, por eso puteamos tanto. Se arman trifulcas, hay porrazos y cada tanto alguien se infarta, aunque el silencio sea el peor de los asesinos, tal vez el más engañoso.
Así la charla fue sobre lo cotidiano, una vez más entre risas y chistes, hasta que uno de los chicos tomando la pelota, la lanza y la misma en una curva casi maradoriana se estrella contra el televisor.
Quien diría que el quinto elemento parlante sería silenciado por un pelotazo....y ahí, justo ahí percibí que a la yerbamate le tendrían que haber puesto otro nombre.
Silvia Vazquez.
MAYO 2023.

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